A PROPÓSITO DE COYUNTURAS
Por Blanca CAMPOS CARRILLO
Cada proceso electoral debería representar para los ciudadanos, una conmemoración a la cual todos se encuentran invitados para opinar de la cosa pública. La conmemoración no debería ser otra más que la verdadera fiesta de la democracia.
Sin embargo, en cada coyuntura, pareciera que a dicha fiesta sólo se encuentran invitadas a opinar las élites que han tenido la capacidad de organizarse en torno a los partidos políticos decidiendo el destino de las mayorías a través del ejercicio del poder conquistado en las urnas.
Así, a lo largo de la historia política de México y de nuestra entidad, se ha construido una cultura política en la cual, el pie pivote en términos ideológicos ha sido el Partido Revolucionario Institucional (PRI). De su estructura, organización y estilos de mando, han emanado líderes e institutos políticos. Sin embargo, en dichos procesos de construcción o de deconstrucción institucional, por la herencia de costumbre, pensamiento y acción, la ciudadanía mayoritaria, militante o no, ha cedido a las élites partidarias su poder para opinar e intervenir en la cosa pública; asimismo, ha perdido la capacidad autocrítica en torno a las razones jurídicas y morales que justifican la existencia de los partidos políticos en el seno del Estado Nacional.
En nuestro país, Estado, gobierno, sistema, partido político PRI y poder, han pasado a significar lo mismo para la ciudadanía; son términos casi sinónimos pese a que el marco jurídico vigente establece los límites de manera clara. La teoría en este sentido reflejada en las leyes, no se corresponde con la praxis de vida cotidiana de la ciudadanía. No respetar estos límites, le ha costado al Estado Nacional mexicano, pérdida de recursos económicos, de capital humano así como de capacidad de organización para el desarrollo. Esto se percibe claramente en entidades que se encuentran hoy por hoy con altos niveles de violencia y ruptura del tejido social, lo que hace obligado poner la mirada en el fortalecimiento institucional como una solución urgente para la estabilidad y el desarrollo.
A México le urge ponderar el fortalecimiento institucional, principalmente en las instancias y personas responsables de la administración y procuración de justicia. Es decir… En este proceso electoral, se enfrenta una coyuntura que es tema de seguridad nacional: Por un lado, el rompimiento del tejido social genera una violencia en medio de la cual, las instituciones no deben ser suplantadas por quienes ostentan fuerza, poder económico o político; tampoco deben ser reemplazadas por las acciones de la sociedad civil, sino que deben ir de la mano con éstas últimas. El Estado Nacional debe ponderar la aplicación de la justicia para que sea visible y palpable para todos los límites de la ley, construyendo el bien común, respetando los derechos humanos.
Por otro lado, es innegable, que los límites del poder de acuerdo a la ley, empiezan a establecerse desde las instancias que controlan los diversos ámbitos de gobierno y los poderes del Estado: Los partidos políticos; de ahí la importancia de elegir bien a los candidatos que buscarán al margen de la ideología partidaria, conquistar espacios en el poder Ejecutivo o Legislativo.
El trabajo, las buenas elecciones al interior de los institutos políticos, son asimismo, un asunto de seguridad nacional en esta coyuntura nacional y estatal, al tener la responsabilidad cada uno de ellos de garantizar a su militancia y a la ciudadanía en general, la postulación de las mejores personas para los diversos cargos de elección popular; no hacerlo, vulnera la seguridad nacional, la paz social y el desarrollo en general, tal como ha ocurrido en entidades como Guerrero y Michoacán. No se trata sólo de ir a contender por gubernaturas, diputaciones, presidencias municipales … En esta coyuntura electoral, se trata de blindar a nuestras instituciones que son resultado de nuestra historia nacional; se trata de que los tomadores de decisiones en todos los partidos políticos, pero sobre todo en el PRI, logren postular a las mejores personas, las que se destaquen por sus valores morales y su capacidad profesional.
La pregunta obligada en el caso del PRI o de cualquier otro instituto político es ¿Por qué no es posible apreciarlos como una fortaleza y no como el lastre del Estado nacional? Eligiendo a buenos candidatos, el PRI tendría una oportunidad de ser la mayor fortaleza del Estado Nacional mexicano simplemente por el mayor desarrollo de su estructura política; los partidos con menor grado de desarrollo en sus bases, aunque no fueran mayoría, aportarían necesariamente a la construcción de la pluralidad y la gobernabilidad democrática a través de instrumentos como el diálogo, la mediación y el consenso.
Decisiones desacertadas, centradas en los intereses de las élites partidarias del PRI dejaría claro, una vez más, que el propio sistema priísta no se concibe asimismo como un aliado del Estado nacional, como el aliado de las acciones de gobierno que ya instrumenta el Poder Ejecutivo a través del Plan Nacional de Desarrollo (¿Cómo invitar entonces a la ciudadanía a creerle?) De ahí que en 2015 sea de suma importancia elegir candidatos que devuelvan la confianza a la militancia y a la ciudadanía en general, pues no en balde el priismo construyó al Estado Nacional posrevolucionario… ese que somos con sus debilidades y fortalezas. Las élites partidarias deben pensar que en la sociedad civil tienen un aliado que orienta las decisiones ante el mutismo de quienes dentro de su militancia han extraviado la capacidad de opinar para decidir el rumbo. Esta coyuntura electoral concede importancia al candidato tanto como al instituto político postulante, debido a la emergencia de una sociedad civil más participativa y demandante de justicia en todos los actos de gobierno, pero sobre todo, al enorme desgaste de la credibilidad de las instituciones políticas, de la violencia que se vive en otras entidades y la falta de moralidad pública. ¿Cuándo se perdió la vergüenza pública de ser señalado como persona deshonesta? ¿Cuándo dejaron de ser válidas para el Estado o para el gobierno en turno los valores humanos como piedra angular de los proyectos colectivos? ¿Cuándo dejaron de tener valor las aspiraciones de las personas? ¿Cuándo se empezó perder el valor de la esperanza y la capacidad de soñar de que se puede ser grande? ¿Cuándo dejaron de tener importancia las personas por el simple hecho de serlo? ¿Cuándo se perdió el valor de la dignidad humana? Esa que mantiene sumida en la miseria a muchos mexicanos señalándoles a cada momento que no tiene derecho al desarrollo y que es válido sobrevivir de la dádiva. Devolverle a la ciudadanía esa capacidad de soñar, de crecer, de aportar, de ser solidario es tarea de todos, porque ante la sinrazón, sólo queda la ruta de la fuerza o la violencia ante las cuales no se consolida el desarrollo.
Esta coyuntura electoral, el sentido común nos debe decir a líderes de partido y a la ciudadanía quiénes son esas personas idóneas de acuerdo a sus desempeños en cargos públicos; ya sea porque los conocemos por ser buenos padres, esposos o servidores públicos, ya sea porque sabemos que tienen la capacidad y la competencia profesional para no perder el piso ante el poder que se deriva del control de los órganos de gobierno del Estado Nacional mexicano. Requerimos fortalecer las instituciones del Estado nacional, reconociendo públicamente, que en todos los institutos políticos existen buenos ciudadanos para ocupar los diversos cargos de elección popular, pues el activismo político no solo implica la militancia activa sino a la persona humana, con defectos y virtudes… Reconozcamos pues con nuestra confianza a los que su naturaleza humana les ha permitido servir al bien común en un marco de leyes.
Yo en Campeche, para gobernador, conozco a un hombre que cumple esos requisitos: Renato Sales Heredia. BIENVENIDOS TODOS A LA FIESTA DE LA DEMOCRACIA CON RENATO SALES HEREDIA... ESTRENEMOS LA GOBERNANZA DEMOCRÀTICA DONDE CABEMOS TODOS. TODOS SOMOS CAMPECHE!
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